El barrio de Santa Cruz conserva una de las imágenes más especiales de Alicante: fachadas blancas, macetas de colores, escaleras y vistas que aparecen entre las calles. Visitarlo despacio permite apreciar tanto su belleza como su carácter residencial.
Subir con calma
Las pendientes forman parte del recorrido. Lo mejor es llevar calzado cómodo, escoger las horas menos calurosas y detenerse en los pequeños descansos. No existe una única ruta: perderse un poco entre las calles es parte del encanto.
Mirar sin invadir
Santa Cruz es un barrio habitado, no un decorado. Hablar en tono moderado, no bloquear puertas y respetar las plantas y fachadas ayuda a conservar una buena convivencia. Las fotografías se disfrutan más cuando se hacen con atención y sin prisas.
Bajar hacia el casco antiguo
Después del paseo, la Basílica de Santa María, el MACA y las plazas próximas ofrecen una continuación natural. Terminar en la Explanada o junto al Postiguet crea un recorrido completo desde la ladera hasta el mar.
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